September 30, 2020

13ro Domingo del Tiempo Ordinario

Por experiencia sabemos que dar un regalo siempre implica
alguien que lo recibe. Dar y recibir está relacionado, están a
la par, al dar se extienden los brazos y al recibir el regalo es
lo mismo, implica una acción de movimiento. Cuando Jesús
es el centro de nuestra vida, el dar y recibir no se queda ahí,
tiene por compromiso principalmente la acción. Al recibir,
por ejemplo, la gracia de Dios no es para uno mismo, hay
que darla a los que nos rodean. En este Evangelio existe
una regla a seguir para comprender el juego de palabras.
Hay palabras claves en el mensaje para obtener la
respuesta que nos ayude a perseverar en la vida cristiana.
Amar, cargar, vivir, recibir, recompensa, dar, discípulo, agua
fresca, por mencionar algunas.
Sin embargo, ¿Qué es lo que te pide Jesús que hagas?
¿Al cumplirlo cuál es la promesa de Jesús? Cargar con su
cruz y seguirlo para ser dignos de él. Recibir a Jesús como
centro de nuestra vida implica de inmediato recibir a los
que nos rodean. Es decir, en otras palabras, conversión
radical, dar agua de vida que lleve a vivir mejor. El Papa
Francisco nos da una pauta para reflexionar mejor en las
lecturas de este domingo. “Es tanto el amor de Dios, es tan
feo el pecado, que Él nos salva así, con esta identidad en la
Cruz. No se puede entender a Jesucristo Redentor sin la
Cruz. ¡No se puede entender! Podemos llegar a pensar que
es un gran profeta, hace cosas buenas, es un santo, pero el
Cristo Redentor sin la cruz no se puede entender”.
(Radio Vaticano | Septiembre 26, 2014).